Se trata de una de las edificaciones más antiguas de Malabo, con un origen que se remonta a mediados del siglo XIX (se desconoce la fecha exacta). Al parecer, fue construido por la compañía Ribas i Pradell enteramente en Bélgica, con madera de pinotea americana. Una vez terminados los trabajos fue trasladado a la isla de Bioko, donde acogió el Consulado de Portugal. Así permaneció hasta comienzos del siglo XX, cuando se convirtió en sede central de la compañía Pérez e Hijos, que tres décadas más tarde cedería el testigo a la también empresa española Muñoz y Gala. En la actualidad es propiedad del Ministerio de Cultura de Guinea Ecuatorial.